Epistemowikia
Revista «Hiperenciclopédica» de Divulgación del Saber
Segunda Época, Año IX
Vol. 8, Núm. 4: de septiembre a diciembre de 2014
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Arquitectura y Tecnología: Las tecnologías constructivas

De Epistemowikia

Tabla de contenidos

TEMA: La moderna tecnología arquitectónica

Es de justicia poner en conocimiento del estudiante que el tema que vamos a tratar es un tema nuevo, relativamente nuevo en los estudios CTS. Esto no quiere decir que sea un tema que no tenga fundamento como tal en este tipo de estudios, al contrario, es y debe ser un tema capital en esta disciplina, y a buen seguro lo será si consideramos el creciente impacto que la tecnología arquitectónica moderna tiene en el hombre, en la sociedad, en las culturas y en la naturaleza. El problema de la ausencia o de la presencia marginal de este tema en los estudios clásicos de CTS podríamos atribuirlo en parte a la juventud de esta disciplina, heredera de la vieja filosofía. Habiendo otras importantes tecnologías -desde la energía nuclear hasta la informática- cuya masiva implantación, unida a sus peligrosas consecuencias en el mundo actual, las hacen dignas de un interés privilegiado por parte de los filósofos de la tecnología, la 'tecnología arquitectónica' suena a tema secundario, escasamente relevante. La misma sociedad que, por una parte se muestra ansiosa de recibir los nuevos milagros tecnológicos, y demanda por otra las garantías de que su uso no conlleve riesgos inaceptables, sin embargo, considera que la moderna tecnología arquitectónica es una tecnología blanca, neutra y positiva, básicamente buena. Si los últimos adelantos tecnológicos de la arquitectura moderna sirven para construir edificios y viviendas más rápidamente, además de más baratos, más duraderos o más espectaculares ¿qué problema existe en la aceptación y la potenciación sin reservas de ésta beneficiosa tecnología? Con esta retórica pregunta, aparentemente lógica, llegamos al quid de la cuestión de la novedad de su investigación en los estudios CTS. Así es, pues sospechamos que no es tanto la juventud de una disciplina que ha de seguir una serie de prioridades sociales, sino, mas bien, la ceguera que los filósofos de la tecnología comparten con la sociedad en general a la hora de valorar críticamente los adelantos tecnológicos de la arquitectura moderna. Todos, los filósofos como cualquier ciudadano corriente, hemos aceptado el hecho arquitectónico moderno sin cuestionarlo en absoluto, porque hemos vivido desde nuestra infancia en su obra: las viviendas de bloques urbanos, que ya forman parte de nuestro paisaje y hasta de nuestra alma. Somos habitantes de la jungla de asfalto hasta el punto que no concebimos otra forma de existencia que encerrados en nuestros fríos cubículos de cemento y estuco. Nuestra preocupación básica por encontrar una vivienda, -compartida aparentemente por todos los agentes sociales- no por legítima, puede agotar nuestra mirada sobre la realidad arquitectónica y urbanística de nuestro entorno. Menos aún habría de condicionar a los estudiosos de CTS, en principio, profesionalmente dedicados a analizar toda tecnología que se da en el mundo moderno de manera exhaustiva y rigurosa, siempre a la busca de problemas que acaso no habían detectado o atribuían a otras causas. Justamente, este es el esfuerzo que el estudiante ha de hacer y compartir con el filósofo de CTS, hasta ahora ignorante de esta materia; ver más allá de su circunstancia residencial inmediata, es decir, que vive en una casa moderna más o menos amplia, más o menos mejorable, pero que básicamente cubre sus necesidades, para investigar si es cierto que habitar una casa moderna es tan magnífico, si al hacerlo no estará provocando problemas graves, y si no será la técnica moderna de construir la responsable de éstos...

Para comprender cuál pueda ser el problema de la moderna tecnología arquitectónica es preciso primero despejar las posibles dudas de que el supuesto problema de la arquitectura moderna sea de orden tecnológico y no meramente estético. Bajo una mirada superficial la implantación de los estilos modernos en arquitectura puede parecer similar al de las bellas artes. Cambia la apariencia de los edificios -su forma exterior y su distribución interior- para adaptarse a los gustos del siglo XX. Las casas cúbicas o los rascacielos, los bloques urbanos o las ciudades dispuestas en damero serían así la expresión arquitectónica de los tiempos modernos, equivalentes a una pintura cubista o una escultura abstracta. Sin ser del todo incierto -a cada época le corresponde un estilo estético que pretende reflejarla- debemos sondear a continuación el porqué se produce semejante cambio estético en nuestra época moderna, al que no podemos por menos que calificar de extremadamente radical e irreversible. Y es entonces cuando nos encontramos con la cuestión de la técnica, como motor del cambio estético, lo cual a su vez provocará una amplia transformación social en todos los órdenes. Aunque ya en el siglo XVIII surgieran los primeros arquitectos modernos o pre-modernos (Boullée, Ledoux) no es hasta comienzos del siglo XX cuando se manifiesta la arquitectura moderna como escuela y empieza a imponerse sobre los estilos históricos. Esto es, la modernidad, preferentemente el racionalismo arquitectónico, basado en los volúmenes geométricos, la ausencia del adorno y la ajustada adaptación del espacio a la función, ya existía como actitud estética en épocas anteriores, e incluso, en opinión de algunos autores, es la característica primordial de la arquitectura vernácula. Sin embargo, sólo en la epoca propiamente moderna, la época de la industrialización, este racionalismo encuentra eco entre las jóvenes generaciones de arquitectos -muy relacionadas con las vanguardias artísticas coetáneas- y puede desarrollarse hasta dominar poco a poco el mundo de la arquitectura y de la construcción en general. Esta somera revisión de la oportunidad histórica del movimiento moderno nos lleva a plantearnos justamente si la adopción del estilo moderno racionalista no fue más bien la consecuencia de una sociedad dominada progresivamente por la técnica, que encontró en su estética simple y desnuda la mejor manera de desarrollarse. Aunque se puede construir un edificio racionalista con técnicas artesanales (pronto se abandonó esta propuesta de la Bauhaus), es con las técnicas industriales como se puede resolver de forma más depurada y a mayor escala. Y no podemos ignorar el hecho de que la estética racionalista moderna precisamente ha venido dada, aparte de un primer momento artesanal, a partir de un fantástico desarrollo de técnicas industriales que, como máximo logro nos han proporcionado la 'prefabricación' de los materiales constructivos. No obstante, no podríamos explicar el éxito arrollador de la estética moderna en arquitectura únicamente por ser un reflejo natural de una sociedad tecnificada. Pues hay que entender esta tecnificación, que como vemos afecta por igual a los procesos productivos y a la construcción arquitectónica, dentro de los parámetros de una sociedad materialista y capitalista. En este sentido, la estética moderna no hubiera tenido más éxito que su equivalente artístico (la abstracción racionalista de Malevicht o Mondrian), es decir, un éxito limitado y pasajero, si no hubiera sido aprovechada por el capitalismo para dar cauce -que no solución- al grave problema contemporáneo de la vivienda. Esta y no otra es la razón del triunfo de la arquitectura moderna, y especialmente de la corriente racionalista-funcionalista. Ante la tesitura de alojar masivamente a la desbordada población del planeta se echó mano del estilo moderno, racionalista y funcionalista (en detrimento de otras corrientes más humanistas como la expresionista), que es el que mejor posibilita que gracias a la tecnología moderna se produzcan viviendas de manera masiva, rápida y barata. El resultado de esta estrategia es la consolidación del estilo moderno en todo el mundo -excepto algunas áreas del tercer mundo- como el modo tecnificado por excelencia de la arquitectura del presente y, sospechamos, del futuro. Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días la arquitectura moderna ha ido dominando progresivamnete el panorama arquitectónico; ha desplazado tanto a los estilos históricos, demasiado costosos por sus formas y materiales, y a los vernáculos, por demasiado artesanales e incontrolados. A pesar de la aparente diversidad de escuelas dentro de la arquitectura moderna -organicistas, neohistoricistas, high-tech, postmodernos, etc- todos comparten el credo básico de la arquitectura moderna como arquitectura hipertecnificada. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor; aparte de algunos lujosos y espectaculares edificios institucionales de carácter simbólico, la mayoría de nosotros hemos de vivir en espantosos bloques urbanos o en casitas semiprefabricadas de monótonas urbanizaciones, es decir, dentro de una arquitectura moderna que además es de muy escasa calidad. No es pues el problema de la arquitectura moderna -entendida ésta siempre en un sentido genérico- un asunto estético, sino la respuesta técnica del capitalismo (adoptada también por el efímero comunismo real) que se sirve de una determinada estética.

Estamos hablando de la arquitectura moderna como problema en abstracto causado por la tecnología, pero no hemos descendido todavía a los problemas, mayores y menores, que esta arquitectura provoca en la sociedad y en nosotros, sus sufridos habitantes. Podríamos decir que hay dos tipos de problemas, a los que denominaremos como estructurales y antropológicos. Los problemas estructurales resultan más evidentes al habitante común y corriente, y de ellos tenemos regularmente información en los medios de comunicación. Son aquellos que la tecnología moderna provoca al incumplir sus promesas programáticas de proporcionar una vivienda digna a todo ser humano, y que han asumido todos los partidos políticos y recogen los mismos derechos humanos. Contra lo que preveían ingenuamente los grandes adalides de la arquitectura moderna como la utopía definitiva del habitar, ésta no sólo no ha resuelto todos los problemas de la arquitectura del pasado (apenas ha resuelto el de la higiene), sino que ha generado otros nuevos. Así, hay que entender que son problemas, graves problemas estructurales, de la moderna tecnología de la arquitectura (y del urbanismo moderno que deriva de ésta) la falta de viviendas, el encarecimiento de las viviendas, la baja calidad y el peligro de algunas edificaciones, las enfermedades provocadas por materiales tóxicos, la escasa habitabilidad por el reducido espacio de las viviendas, la contaminación y el sometimiento al tráfico rodado del habitante urbano o la escasez de espacios abiertos y zonas verdes en las ciudades. Alguien podría pensar que estos no son estrictamente problemas tecnológicos sino que son antes problemas económicos, políticos o sociales porque no se aplica correctamente la benefactora tecnología arquitectónica. Pero la tecnología, esta tecnología y otras tantas tecnologías modernas -ha de desengañarse el estudiante definitivamente- no es sino una específica estrategia científica diseñada para conseguir los fines del capitalismo, asumiendo que sus errores inherentes -los problemas que hemos señalado- son un coste aceptable para la sociedad. La cuestión para nosotros, habitantes todos, filósofos de la tecnología o estudiantes de la materia CTS, es decidir si estos problemas, asumibles para el proyecto moderno-capitalista, deben serlo a medio y largo plazo, y si no habríamos de intentar solucionarlos criticando la arquitectura moderna.

Los problemas antropológicos son, sin embargo, más difíciles de comprender, pues para el movimiento moderno y la sociedad en general ni si quiera existen, ya que los considera al revés, como grandes y deseables conquistas del progreso. Son problemas más sutiles, que afectan al hombre como criatura antropológica, y que modifican su mentalidad y su forma de vida, desarraigándolo del modo antiguo de morar y proponiéndole, precisamente, el modo tecnológico de habitar. Estos son los verdaderos y radicales problemas, los que generan los problemas estructurales, los que incluso solucionando hipotéticamente estos últimos en nada solucionarían aquellos. La destrucción del patrimonio vernáculo de las culturas y de su modo de vida, la llamada 'insatisfacción residencial' que provoca trastornos psicológicos y conflictos sociales, la urbanización del campo con el consiguiente desequilibrio ecológico, y la construcción de una arquitectura hipertecnificada de 'casas inteligentes' -que a la tecnología doméstica añade todo tipo de dispositivos informáticos, convirtiéndonos en servidores más que en en beneficiarios de la tecnología- son los, acaso, irresolubles problemas que los estudios CTS debieran abordar primero.

Como advertimos al principio, los estudios clásicos de esta disciplina han abordado muy marginalmente el tema de la tecnología moderna de la arquitectura, y en general, ahora lo podemos comprobar, de manera sugerente pero ingenua. Únicamente Lewis Mumford, uno de los padres de la filosofía de la tecnología, trató el tema extensamente en La cultura de las ciudades (1945) y otros textos, haciendo una dura crítica a la deshumanización de cierta arquitectura y urbanismo modernos, y proponiendo una vuelta al "regionalismo" en una visión de la tecnología un tanto utópica. Lo mismo ocurre con otros autores americanos como Carl W. Condit, historiador de la tecnología, deslumbrado con la portentosa técnica moderna de los rascacielos de Sullivan, un excelente y sensible arquitecto que no logró imponer sus tesis humanistas. Por otro lado sólo dos autores han reflexionado en profundidad sobre los problemas antropológicos, relacionándolos con la destrucción del morar vernáculo. Así, Martin Heidegger, un filósofo clásico y referencia básica de los estudios CTS, muestra las raíces del fenómeno arquitectónico en Construir, habitar, pensar(1951) mientras Ivan Illich, el pensador crítico por excelencia de las instituciones contemporáneas, lamenta en El género vernáculo(1990) la pérdida del espacio del género con la destrucción de la arquitectura vernácula. Para suplir la carencia de estudios sobre la tecnología arquitectónica moderna habremos de acudir a historiadores de la arquitectura o a la producción teórica de algunos arquitectos. Entre los partidarios de la tecnología moderna sin mayores consecuencias se encuentra Sigfried Giedion, autor de La mecanización toma el mando (1945) -una historia de la tecnología ligeremente crítica y confiada-, cuyo libro Espacio, tiempo y arquitectura(1941), manual básico de historia de la arquitectura durante décadas, es un complaciente estudio de la evolución de las tecnologías y los materiales arquitectónicos, entendida como legítima transformación de orden estético. Kenneth Frampton y su teoría del "regionalismo crítico", fundamentada en una parcial lectura de Heidegger, sería el ejemplo de una visión moderadamente revisionista que apuesta por volver a una 'arquitectura del lugar' que respeta las condiciones medioambientales, aceptando recuperar algunas técnicas vernáculas. Entre los arquitectos de producción teórica significativa, el debate sobre la técnica, subsumido en la refriega por los estilos estéticos ha sido ampliamente ganado por los partidarios de la tecnología. Uno de los textos más emblemáticos entre la larga nómina de partidarios -Wagner, Chernikov, Gropius, etc- sería Hacia una arquitectura (1920-1), donde Le Corbusier lanzó su polémica definición de la casa como una "máquina de habitar" y confesaba su inspiración arquitectónica en la estética industrial de la máquinas modernas -barcos, automóviles y aviones-, junto con el Manifiesto futurista (1914), de Sant' Elia, uno de los más radicales. En una línea más moderada, podemos incluir la opinión utilitarista y restrictiva respecto a la técnica de F. Ll. Wright enArte y oficio de la Máquina (1901) y en general de la corriente organicista, representada en Europa por Alvar Aalto. Cabría destacar, curiosamente, la opinión de Adolf Loos, el padre de la arquitectura moderna-racionalista, en Arquitectura(1910) y Arte Vernáculo(1912), donde defendió la belleza e idoneidad de la arquitectura vernácula en su contexto rural y que por su 'funcionalismo natural' sirvió de modelo al funcionalismo tecnológico de la arquitectura moderna. Tampoco podemos ignorar la obra de estudiosos que desde otras disciplinas se han interesado críticamente por la crisis de la la arquitectura y del urbanismo modernos, como la de la periodista Jane Jacobs, el sociólogo Henri Lefèbvre o el psicólogo Alexander Mitscherlich.

SUBTEMA: LA DESTRUCCION DE LA ARQUITECTURA VERNACULA

De entre los problemas que podríamos tratar en este apartado hemos elegido el que afecta a la arquitectura vernácula por ser uno de los más ignorados, pero al mismo tiempo el más fácil de ver, una vez explicado y, sin duda, el más profundo de todos. No es este el lugar para explicar pormenorizadamente que sea la arquitectura vernácula, mostrar su evolución y sus variantes, o cantar todas sus virtudes y bellezas. Para un filósofo de la tecnología como para cualquier estudiante sería un deber conocer su variante regional de este tipo de arquitectura, en la que ha morado la humanidad entera -sus propios abuelos- hasta hace apenas unas décadas. Ahora es suficiente saber que la arquitectura vernácula o popular, es la arquitectura propia de cada lugar y que, ajena en general a los estilos históricos cultos e internacionales, construía el pueblo con los materiales del entorno y técnicas artesanales para sus propias necesidades. Esta tradición inmemorial que abarca desde las cabañas de barro y paja de las tribus africanas a nuestros caseríos de piedra y madera, ha entrado desde la segunda mitad del siglo en una inexorable decadencia. Como ya apuntábamos en el apartado anterior, la implantación de la arquitectura moderna provocó un impacto brutal sobre las técnicas tradicionales, del que ya no se recuperarían. La urgencia por alojar las masas urbanas supuso la adopción de la tecnología moderna para la fabricación en serie de nuevos materiales como el acero, el ladrillo, el cemento y el cristal. Se rompió la tradición artesanal y gremial de la construcción en las ciudades, lo cual supuso un vuelco definitivo en la producción general de materiales constructivos de los paises desarrollados. Si primero fue la desaparición de la 'ciudad vernácula', poco a poco la arquitectura rural fue adoptando los materiales y técnicas modernas. En toda Europa y América del norte, más tarde o más pronto -en un periodo que bascula entre final de siglo y los años sesenta- se dejó de construir arquitectura vernácula. Los nuevos edificios rurales que se levantaron a partir de entonces se hicieron según el modo técnificado de la arquitectura moderna, adoptando en general una suerte de variante falseada del estilo anterior o neovernáculo, que apenas conservaba una serie de rasgos pintorescos. También las restauraciones de edificios vernáculos comenzaron a adoptar los materiales industriales, con lo que desaparecieron casi por completo los oficios tradicionales relacionados con las artes de la construcción. El último paso de este proceso fue la implantación de legislaciones que prohibían la autoconstrucción vernácula e imponían la firma del arquitecto profesional en cualquier proyecto. El resultado de este proceso es que la arquitectura vernácula ha muerto en el primer mundo y se ha convertido en el mejor de los casos en un patrimonio cultural restaurado con más o menos acierto o presentado en parques temáticos al aire libre. Sólo en determinadas áreas rurales del tercer mundo sigue viva e intacta la arquitectura vernácula, mientras que en torno a las grandes urbes ha aparecido un curioso fenómeno híbrido de autoconstrucción con materiales naturales e industriales de deshecho, en forma de grandes barriadas pobres de chabolas o favelas. La sustitución de la técnica vernácula por la tecnología moderna en la arquitectura, como hemos comentado anteriormente, no provoca un cambio de orden estético sólamente. Su mayor y peor consecuencia es la transformación social y cultural que conlleva. Mientras las viejas casas vernáculas se derrumban o rehabilitan agresivamnte y se construyen las nuevas viviendas modernas, lo que está cambiando en realidad es una forma de vida, una visión del mundo, una cultura popular riquísima y la esencia del hombre mismo. Cuando los bienintencionados misioneros obligaron a disponer ciertos poblados indígenas del Amazonas en forma reticular en vez de su tradicional forma circular y cosmogónica, sus habitantes se vieron desamparados y adoptaron un nuevo dios y una nueva vida. Unas veces se acaba con una etnia exterminándola, otras veces arrasando su arquitectura y, lamentablemente, también ocurre a menudo que todo un pueblo comienza a renunciar a sus señas de identidad cuando comienza a aceptar el modo tecnificado de construir y restaurar su vivienda. Desaparece el mundo vernáculo en el horizonte de la globalización tecnificada, y con él se van también sus valores humanos. Perdemos el sentido de comunidad, y nos lanzamos en manos del progreso desbocado, del egoismo individualista y del bienestar exclusivamente material. Cierto es que la arquitectura moderna puede solucionar algunos problemas -higiene, riesgo de incendios, solidez, infraestructuras domésticas de agua y electricidad- pero curiosamente todos se pueden solventar con mejoras técnicas perfectamente adaptables a la arquitectura vernácula con mínimas alteraciones. El ideal de la villa moderna, dentro de una variedad de modelos racionalistas, neohistoricistas o neovernáculos ya es compartido por todo el mundo. Ya no es el hogar vernáculo, cálido, confortable y bello, del hombre para el hombre, donde se utiliza una técnica arquitectónica sostenible, sino el núcleo tecnológico en el que el hombre sobrevive sirviendo a la tecnología.

Esta es la situación, desoladora a nuestro juicio, pero que no ha recibido la atención debida por parte de los estudios CTS. Heidegger parece lamentar simplemente la pérdida del sentido vernáculo de la casa, ya que si "construimos porque habitamos", y ahora ni habitamos ni construimos, por tanto ni si quiera 'somos'. Illich critica la desaparición del género vernáculo de la casa -reconociendo cierta discriminación para las mujeres- pero tampoco propone ninguna salida. Sólo algunos arquitectos alternativos, entre los que destacan Hassan Fathy y J. Turner proponen la recuperación de la arquitectura vernácula, mínimamente supervisada por profesionales y contribuyendo únicamente el Estado con las infraestructuras básicas, como solución para el problema de vivienda de ciertas áreas marginales del tercer mundo. En el occidente civilizado las soluciones son todavía más difícles, porque nos hallamos completamente dominados por la arquitectura tecnificada. Las propuestas de Christopher Alexander para reproducir el 'patrón' de la experiencia vernácula en nuestro entorno, aún siendo parcialmente válidas, no dejan de ser impracticables en su conjunto. También tienen un éxito limitado, aunque ciertamente estimulante, las corrientes organicistas, etnicistas o ecológicas que siguen arquitectos aislados por todo el mundo. En general, arquitectos tan variados como Imre Macovecz, David Pearson o Edward Rojas, pretenden adaptar ciertas técnicas y materiales vernáculos en combinación con otras modernas para las nuevas funciones y espacios del habitar contemporáneo. Plantean la alternativa de una arquitectura semi-autoconstruida con materiales naturales, respetuosa con el entorno natural y el patrimonio vernáculo, alimentada a ser posible con energía natural, y en definitiva como lugar de una vida más sencilla y natural -menos tecnológica-, religada con el morar vernáculo. En el panorama estatal también son dignos de tener en cuenta las críticas reformistas de arquitectos-teóricos como Chueca Goitia, Manuel Ayllón o Adriana Bisquert, defensora de una arquitectura femenina más sensible y humana que la actual, ciertamente una de las claves para una hipotética recuperación del sentido vernáculo en la arquitectura. El problema, más que complejo es una empresa titánica, y sólo puede ser abordado, previo conocimiento de los clásicos de la arquitectura vernácula del mundo -Bernard Rudofsky, Paul Oliver, Amos Rapoport, etc-, estudiando, caso por caso, el problema del fin de lo vernáculo en cada región del mundo.

Esta es la tarea; focalizar nuestra atención en el entorno próximo y ver si es posible al menos un cierto 'renacimiento vernáculo' gracias a la adopción de una 'tecnica arquitectónica sostenible' -mezcla de vernácula y moderna- que mitigando los grandes problemas arquitectónicos y urbanísticos contemporáneos, nos devuelva ciertas señas de identidad y algo del morar tradicional, imprescindible para seguir viviendo con dignidad.


CASO: LA CRISIS ARQUITECTONICA DEL CASERIO VASCO

Hoy ya lo podemos afirmar sin sombra de duda: el caserío vasco tradicional y la forma de vida vernácula asociada a éste, se hallan en una irreversible decadencia. Hace décadas que se dejaron de construir o reparar edificios según las técnicas vernáculas y, económicamente, la vida autárquica que los mantenía ha perdido sentido. También las relaciones humanas y las formas culturales populares se están transformando rápidamente. Y la responsable de este estado de cosas, para bien o para mal, ha sido la tecnología moderna en su conjunto y, particularmente, la tecnología domestica y arquitectónica de la modernidad. Ya a comienzos de siglo empezaron a introducirse los primeros materiales industriales en la construcción de las áreas rurales -hierro fundido, cristal- y, poco a poco, el cemento armado, las pinturas industriales o el ladrillo hueco. Más recientemente se han introducido todo tipo de versiones industriales de los materiales tradicionales -madera serrada o aglomerada, tejas, bloques o losas de piedra, viguetas y muros prefabricados- y materiales sintéticos como el plástico, la uralita o el PVC. Primero fue la moda neovasca -iniciada en las costas de Iparralde- como una invención vagamente nacionalista o regionalista para adaptar al confort moderno ciertos rasgos idealizados del caserío tradicional, construyendo miles de chalecitos folklóricos. Más tarde, durante el franquismo, a partir de la década de los sesenta, los llamados "Concursos de Embellecimiento" que premiaron la inciativa particular a la hora de restaurar -pintando de blanco y resaltando rasgos típicos como los sillares- las viviendas vernáculas. Y en una última oleada, los estilos 'conservacionistas' en restauración -sólo en apariencia más respetuosos con el estilo vernáculo- y el estilo postmoderno de los neocaseríos, -integrando arquitectura moderna y elementos clásicos en el estilema del caserío vasco- a los que contribuyen poderosamente fenómenos como el de las 'casas rurales' o las urbanizaciones de chalets de segunda residencia. La combinación del avance tecnológico en la fabricación de materiales con estas modas residenciales del campo, arrojan actualmente un balance estremecedor; Extrapolando los datos del artista e investigador de la arquitectura vernácula vasca en transformación, Xabier Morrás, se ha destruido y alterado un 75% de la arquitectura vernácula original, y apenas en un par de décadas más ya no quedará nada. Lo que en otros paises se hizo de manera más moderada -la urbanización e industrialización del campo-, en nuestro país se ha llevado a cabo de manera brusca y radical, especialmente, porque autoridades y arquitectos ignorantes han malaconsejado a los propietarios. La tecnología moderna ha arrasado también con nuestro modo vernáculo de construir, relegando al olvido a maestros artesanos y a los propios habitantes como artífices de la arquitectura popular. Y ha sido asimismo la tecnología la que ha revolucionado el interior de nuestros caseríos; a las legítimas aspiraciones a disponer de baño, calefacción, agua corriente o electricidad, hemos sumado una panoplia de artefactos tecnológicos como los electrodomésticos, el televisor y el ordenador que, siendo útiles, no tenían ni tienen porqué alterar la fisonomía vernácula del caserío ni dictar la sustitución de una natural vida vernácula por otra hipertecnológica. Nuestros caseríos ya no serán nunca más aquellos hogares tradicionales que cantaron los bertsolaris, pero no debieran ser tampoco, por la adopción masiva, incontrolada y acrítica de las tecnologías constructivas o domésticas, la carcel tecnológica de un habitar desarraigado.

Los estudiosos del caserío vasco han sido en general bastante críticos con la transformación del caserío. Así, clásicos como Baeschlin e Yrizar denostaron los primeros cambios estéticos falseadores, al igual que autores posteriores como Caro Baroja y Leoncio Urabayen, los cuales analizaron también los cambios tecnológicos de la cultura vernácula bajo un enfoque próximo a la filosofía de la tecnología y, especialmente, Xabier Morrás, desde la perspectiva de una cierta antropología estética. Sin embargo, los arquitectos, ya sean partidarios del racionalismo o del neovasco, simplemente han ignorado el problema, ya que ven la arquitectura vernácula como un mero anacronismo a superar. No obstante, desde el compromiso ético de la visión CTS, nos importa menos la visión del pasado que del porvenir, esto es, el estilo de los nuevos caseríos y la forma de vida que implican. Y es ahí donde estos autores se muestran más tímidos o ambiguos en sus propuestas. Todos parecen coincidir en alentar algún tipo de relación con el estilo vernáculo tradicional, en clave neovasca como Baeschlin o etnicista como Morrás, pero ninguno manifiesta su apuesta clara por una determinada corriente alternativa. En este sentido es sintomático analizar la actitud hacia uno de los materiales tecnológicos básicos en la restauración y construcción de los nuevos caseríos como el cemento. Este material, que ya emplearon en una versión rudimentaria los romanos, se introdujo primero en los caseríos para cubrir sus muros de gruesos revoques, reparar las grietas o rellenar las juntas del manpuesto. Luego se convirtió en la argamasa industrial en sustitución de la vernácula de arcilla y cal, imprescindible para unir los ladrillos que sustituían a los sillares de piedra o la tablazón. Finalmente se ha instaurado como el material dominante de los neocaseríos, en forma de bloques de hormigón pretensado para los muros, columnas de hormigón armado para los pilares, de cemento prefabricado en viguetas para los suelos, e incluso de uralita de fibrocemeto para algunos tipos de tejado. Nuestro caserío tradicional de materiales vernáculos como la piedra, la madera, o la arcilla, se ha convertido en un caserío de cemento, fabricado mediante sofisticados procesos industriales y construido por cualificados especilistas. De esta manera, uno de los materiales de la arquitectura moderna ha arrasado la arquitectura vernácula, creando edificios que bajo su barniz folklórico no pueden esconder sus fríos y desoladores habitáculos urbanos, ajenos por completo al espacio multiforme y a las texturas o colores de la estética vernácula. No parece que podamos recuperar aquí un estilo semi-vernáculo más sensible e integrado, basándolo en la madera -como en Estados Unidos o los Países Escandinavos- o en el adobe -como en los países árabes o norteafricanos-. Sin embargo, si podemos buscar una solución intermedia, basada en cierta aplicación del modo vernáculo -pues la arquitectura vernácula es más una actitud hacia los materiales que un material concreto- que trate a un material básico como el cemento según la técnica tradicional, hasta crear un verdadero cemento vernáculo. No estamos hablando de una quimera; por una parte debiéramos recuperar la experiencia del tratamiento formal del cemento del expresionismo (Mendelshon, Steiner, etc) e incluso de algunas 'rarezas artísticas' de racionalistas furibundos como Le Corbusier (Capilla Ronchamp) o minimalistas sensibles como Tadao Ando. En la arquitectura vasca, pionera en la utilización del hormigón (La Fábrica Ceres de Bilbao/1900) también contamos con una excelente muestra de 'cemento expresionista' en el arquitecto navarro Víctor Eusa, discípulo de la obra de A. Perret, que supo moldear en formas geométricas y amasarlo con una piedra menuda, todo lo cual le daba una apariencia más rica, próxima a lo vernáculo. Por otro lado, disponemos de una excelente muestra de qué pueda ser ese cemento vernáculo en algunas construcciones del navarro Valle de Sakana que utilizaron el cemento portland de la Fábrica "El Cangrejo" de Olazagutia. En estas construcciones auxiliares de tipo tradicional -en la forma, planta y tejado- se empleó el cemento mezclado con piedras menudas y cantos rodados según la técnica vernácula del encofrado, lo que confiere a sus muros una gran solidez además de una textura rugosa y un color tostado de extraordinaria belleza vernácula. Esta particular estética ('brutalismo vernáculo', podríamos llamarla) circunscrita a un área reducida (aparte de algunos muros y construcciones aisladas en otras zonas) que pudo ser y no fue, puede representar ahora el ejemplo de una estética que combina felizmente las tecnologías vernáculas y modernas (equivalente a la del cemento 'deliberadamente imperfecto' de algunas esculturas de Txillida). Justamente, esta es en cierta medida la propuesta de Urabayen, en Geografía humana de Navarra(1929): utilizar el cemento en determinados edificios de zonas de la montaña navarra en los que su técnica vernácula resulta deficiente para garantizar el debido confort y durabilidad. Su modelo de vivienda, de haber sido atendida su propuesta, nada hubiera tenido que ver con las viviendas de molde de cemento de Th. A. Edison (inventor de la luz y de la silla eléctricas) inventó en 1908 -una versión moderna, prefabricada, uniformizadora e hipertecnológica-, sino con una sabia integración de una nueva tecnología en un conjunto dominantemente vernáculo. Es decir, con una natural evolución de la tradición vernácula hacia los tiempos actuales. Pero no vamos a abogar ahora y aquí por la instauración de una nueva arquitectura vernácula vasca -aunque sea muy necesario-, basada en la combinación de materiales tradicionales con el cemento vernáculo; tan sólo probar y mostrar cómo hubiera sido posible una técnica arquitectónica sostenible que no destruyera la identidad formal de nuestro caserío.

El debate sobre el impacto de la tecnología moderna sobre nuestra arquitectura, aunque tarde, está abierto. En él han de participar los arquitectos y los municipios, los filósofos de la tecnología y los artistas, pero también los estudiantes de la materia CTS. Algún día querrán ser propietarios de un caserío o heredarán el de sus padres. Entonces tendrán que plantearse la opción entre habitar en un falso caserío neovasco, blanco como un cortijo, diseñado como un apartamento urbano, atestado de una tecnología alienante o morar en un verdadero hogar de piedra y madera o de cemento vernáculo, con su fuego central y chimenea, con una tecnología útil proporcionada por energías alternativas como la solar, y respetuosa en su estilo con los genuinos estilos vascos y con la naturaleza.

El problema de la crisis del caserío vernáculo, como el de la arquitectura en general, es un problema a la vez tecnológico y estético, pero porque en el fondo es un problema de 'formas de vida'. Aunque hasta ahora no nos habíamos preocupado de la arquitectura moderna como fuente de graves y trascendentes problemas, estructurales o antropológicos, ha llegado el momento de no seguir ignorándolos, de participar activamente en su solución, pues nuestra forma de vida hipertecnológica anenaza no sólo con acabar con nuestro patrimonio cultural de caseríos sino con destruir el concepto mismo de morar. Y cuando un pueblo como el vasco, cuyas raices son precisamente el caserío como mayor logro cultural y estético, cuya identidad cultural se halla en una lengua vernácula, entrelazada a su vez con el caserío, cuyo simbolismo mental es el arraigo de la tierra...pierde el sentido del morar vernáculo, se halla abocado a perder sus posibilidades de supervivencia como tal. Las propuestas desde una perspectiva crítica y comprometida son muchas y variadas, pero se centran en una fundamental: pensar, construir y habitar -como apuntaba Heidegger- una nueva arquitectura vernácula. Para ello sería necesario que arquitectos y constructores, autoridades y políticos, intelectuales y artistas, profesores y estudiantes, se lanzaran a aplicar cierto activismo vernáculo. Rehabilitar nuestro patrimonio vernáculo de manera respetuosa y fiel, construir una nueva arquitectura con técnicas sostenibles, promover comités cívicos que velaran por la calidad residencial de nuestros pueblos y ciudades, investigar la aplicación de técnicas modernas con materiales vernáculos y viceversa (como el Centro de Navapalos en Soria, dedicado al adobe), recuperar el sentido vernáculo de la autoconstrucción o promover los 'estudios vernáculos' en todos los niveles desde las ikastolas a las universidades serían algunas de las propuestas básicas para hacer brotar un renacimiento vernáculo vasco entre todos, que acompañara al renacimiento del euskara, el folklore y las artes vascas. Pero el estudiante también puede participar desde ahora mismo realizando una serie de actividades muy sencillas: estudiando en los libros y en excursiones como era la arquitectura tradicional, realizando trabajos monográficos -con textos, fotos y dibujos- sobre la arquitectura vernácula de su valle o del caserío de sus abuelos, participando en la rehabilitación vernácula de un caserío para instalar un gaztetxe, reparando con técnicas tradicionales (previa consulta a sus mayores o artesanos) su propio caserío o una borda del monte, implicándose en plataformas cívicas para salvar un caserío o mejorar las condiciones residenciales de su barrio, en definitiva, conociendo y luchando por mantener el espíritu vernáculo vasco en su casa y en su vida.


TEXTOS

Para valorar la verdadera comprensión de los textos propuestos -ordenados según el grado de su aceptación de la moderna tecnología arquitectónica-, resulta imprescindible que el estudiante aplique los conceptos de los diferentes autores en su propia experiencia y en su entorno inmediato. Además de estas y otras preguntas que puedan surgir de su debate por la clase, sería interesante que los estudiantes redactaran sus propios comentarios críticos, haciendo especial referencia a casos concretos que conozcan de primera mano.

Todo nuevo estilo ha surgido paulatinamente a partir de un estilo anterior, cuando las nuevas técnicas de construcción, los nuevos materiales, las nuevas tareas e ideas de la sociedad han exigido modificar o configurar de nuevo las formas existentes. Es indudable que, para armonizar con la sociedad actual, todas las creaciones modernas han de responder a los nuevos materiales y a los requisitos del presente, han de manifestar nuestra propia idiosincrasia ideal, más democrática y consciente de sí misma, y han de tener en cuenta los colosales logros técnicos y científicos, así como la actual tendencia hacia lo práctico. Por tanto se puede deducir con toda seguridad que unas finalidades nuevas y unos métodos de construcción nuevos han de provocar por necesidad la aparición de nuevas formas. Si al arte se le aportan tantos métodos de construcción completamente nuevos, de ello ha de surgir una nueva formalización y, paulatinamente, un nuevo estilo.


Otto Wagner. "La arquitectura de nuestro tiempo" (1896)


1-¿El cambio estético que implican las nuevas técnicas ha de ser total o sólo parcial? 2- ¿No debiéramos controlar el cambio estético moderno de acuerdo con nuestro gusto residencial sin dejarnos arrastrar por las formas que propone la tecnología?

Después de 1700 no ha habido ya arquitectura. Se ha llamado arqitectura moderna a una torpe mezcolanza de elementos estilísticos de lo más variado, utilizada para enmascarar el esqueleto de la casa moderna.(...) La caleidoscópica aparición y reaparición de formas, la multiplicación de máquinas, el aumento cotidiano de las necesidades impuestas por la rapidez de comunicaciones , por la aglomeración de los hombres, por la higiene y otros cien fenómenos más de la vida moderna , no preocupan en absoluto a estos supuestos renovadores de la arquitectura...Como si nosotros , acumuladores y generadores del movimiento, con nuestras prolongaciones mecánicas, con el ruido y la velocidad de nuestra vida, pudiéramos vivir en las mismas calles que para cubrir sus necesidades construyeron los hombres de hace cuatro, cinco y seis siglos. (...) crear de nueva planta la casa futurista , de construirla con ayuda de todos los recursos de la ciencia y de la técnica saciando todas las exigencias de nuestras costumbres y de nuestro espíritu, derribando cuanto hay dentro de nosotros de grotesco, pesado, antiético (tradición, estilo, estética, proporción), determinando nuevas formas, nuevas líneas, una nueva armonía de perfiles y de volúmenes, una arquitectura que tenga sólo su razón de ser en las especiales condiciones de la vida moderna y su correspondencia como valor estético en nuestra sensibilidad. Tal arquitectura no puede estar sujeta a ninguna ley de continuidad histórica. La arquitectura se aparta de la tradición, se inicia de cabo a rabo. (...) Hemos de inventar y construir de nuevo la ciudad futurista , semejante a un inmenso arsenal alborotado, ágil, móvil, dinámico en todas sus partes y hacer la casa futurista semejante a una inmensa máquina.

Antono Sant'Elia. Manifiesto de la arquitectura futurista (1914)


1-¿Tiene un verdadero 'sentido humano' la estética tecnológica de la máquina? 2-¿Sería lícito destruir nuestro patrimonio histórico y vernáculo para imponer el estilo moderno? 3-¿Qué tipo de vida nos esperaría si viviéramos en semejante 'casa futurista?


En nombre del paquebote, del avión y del auto hemos reclamado la salud, la lógica, la audacia, la armonía, la perfección. (...) En arquitectura las viejas bases constructivas están muertas. Sólo se encontrarán las verdades de la arquitectura cuando las nuevas bases constituyan el apoyo lógico de toda manifestación arquitectónica.(...) Las creaciones de la técnica maquinista son organismos que tienden a la pureza y sufren las mismas reglas evolutivas que los objetos naturales que suscitan nuestra admiración.(...) El sentimiento de la mecánica deriva de la actividad cotidiana. Con respecto a la mecánica, este sentimiento es de respeto, de gratitud, de estima.(...) Si se arrancan del corazón y del espíritu los conceptos inmóviles de la casa , y se enfoca la cuestión desde un punto de vista crítico y objetivo, se llegará a la casa-herramienta, a la casa accesible a todos, sana, incomparablemente más sana que la antigua (moralmete también) y bella (...) Reina un gran conflicto entre un estado de espíritu moderno que equivale a un mandamiento, y un stock abrumador de detritus seculares. Se trata de un problema de adaptación , en el cual están en juego las circunstancias objetivas de la vida. La sociedad desea violentamente algo que obtendrá o que no obtendrá. Todo reside en eso, todo depende del esfuerzo que se haga y de la atención que se conceda a estos síntomas alarmantes. Arquitectura o revolución. Se puede evitar la revolución.


Le Corbusier. "Hacia una arquitectura"(1920-1)


1-¿Crees realmente que la casa-herramienta puede ser una casa más bella y confortable que la casa tradicional? 2-¿Hasta que punto crees que la arquitectura moderna masificada puede alienar al hombre e impedir una actitud políticamente crítica?


La arquitectura moderna fue funcional bajo el perfil técnico, subrayando sobre todo el lado económico de la atividad en el campo de la construcción. Sin duda que esto es ventajoso por lo que respecta a producir los cobijos necesarios para los seres humanos (...) El funcionalismo técnico no puede agotar las funciones arquitectónicas. No es que la racionalización fuese equivocada en sí, en aquel primer periodo, actualmente superado, del movimiento moderno, sino que el error estribó en no impulsarla en profundad. En lugar de combatir la mentalidad racionalista, la nueva tendencia tiende a proyectar los métodos racionales del modo técnico al humano...No hay duda que la fase actual es nueva y que posee la finalidad concreta de resolver problemas de orden psicológico...el funcionalismo es apropiado a condición de que se extienda al campo psicosomático. Este es único modo de humanizar la arquitectura. La casa que crece debe sustituir a la 'machine à habiter'. No encontraremos orientación más adecuda más que cuando las formas lógicas estén teñidas por una seria presencia artística y lúdica.(...) De todos modos el deber del arquitecto consiste en humanizar la edad de la máquina. Alvar Aalto. "La humanización de la arquitectura"(1940-5) 1-¿Es posible una 'técnica más humana' en la arquitecura moderna? 2-¿Crees que ha habido cambios significativos en la arquitectura moderna en los últimos tiempos? El ciclo de la máquina toca ahora a su fin. Durante los últimos tres siglos la humanidad ha aprendido mucho en la dura disciplina impuesta por ese invento del hombre que al mismo tiempo le brinda un mundo de posibilidades prácticas; pero ya no podemos seguir viviendo en el mundo de la maquina, como tampoco podríamos seguir existiendo en la superficie árida de la luna. El hombre , por fin, está en la situación que le permite trascender la máquina y crear un nuevo ambiente biológivco y social, doinde se realizarán las posibilidades más altas de la existencia humana, no sólo para los fuertes y los afortunados, sino para todos lo grupos cooperativos y asociaciones y comunidades comprensivas. "Los hombres se reúnen en las ciudades", dijo Aristóteles, "a fin de poder vivir, y permanecer juntos con el propósito de vivir, y permanecer juntos con el propósito de vivvir una buena vida". Sólo se logran fragmentos de este propósito en el mundo moderno; pero ahorqa aparece un nuevo patrón de buena vida, en parte debido a la presión desde adentro y en parte debido a la reacción contra el ambiente desordenado, los propósitos deshumanizados y pervertidos y los barbarismos odiosos que aún subsisten en ciertas partes del mundo. En la arquitectura y en el proyecto de la nueva comunidad, nos es dado comprobar que la disciplina y el conocimiento derivados de la máquina se han convertido en conquistas vitales y humanas. Ya hemos trascendido, en los dominios de la imaginación y del plan, las limitaciones siniestras del ambiente existente metropolitano. Tenemos mucho que demoler, y mucho más que construir; pero ya hemos echado los cimientos: las máquinas están en su lugar y las herramientas están brillantes y filosas; los arquitectos y los ingenieros y los trabajadores se han reunido. Ninguno de nosotros viva para ver el edificio completo, y quizá, dentro de la naturaleza de las cosas, el edificio nunca podrá ser completado; pero alguno de nosotros verá la rama de abeto que los trabajadores plantan, de acuerdo con el antiguo ritual, cuando alcanazan el último piso.


Lewis Mumford. "La cultura de las ciudades" (1945)


1-¿Sería posible que una tecnología 'moderada' humanizara nuestras ciudades en algún aspecto? 2- ¿Cómo crees que se podría utilizar las conquistas de la técnica moderna para crear nuevas comunidades en el ámbito rural? La construcción de viviendas otorga alojamiento, las viviendas pueden estar hoy bien organizadas, fáciles de adquirir, apeteciblemente baratas, abiertas al aires, a la luz y al sol, pero ¿cubren las viviendas en sí la garantía de que se efectúa un habitar?.(...) No habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en tanto que habitamos, esto es, en cuanto los habitantes son. (...) La esencia del construir es el permitir habitar. La realización de la esencia del construir es el erigir lugares a través de ligar sus espacios. Sólo si somos capaces de habitar podemos construir.(...) Pero el habitar es el fundamento del ser, según el cual los mortales son. (...) La propia necesidad del habitar descansa en que los mortales siempre intentan de nuevo la esencia del habitar, puesto que ellos tienen que aprender a habitar. (...) De qué otra forma podrían los mortales corresponder a este aliento en cuanto que ellos intentan por su parte traer desde sí el habitar hacia la totalidad de su esencia? Lo logran cuando construyen a partir del habitar y piensan en el habitar. Martin Heidegger. "Construir, habitar, pensar" (1951) 1-¿Qué diferencias resaltarías entre el habitar moderno de un apartamento y el habitar vernáculo de un caserío? 2-¿Has sentido alguna vez la 'esencia' de habitar un verdadero hogar cuando vivías en algún edificio determinado? 3-¿El hecho de saber habitar cómo puede permitirnos construir en un sentido antopológico? Detesto tanto el apego sentimental al pasado como el culto tecnocrático al futuro. Tanto uno cmo otro se basan en una noción estática y lineal del tiempo (es lo que tienen en común los conservadores del pasado y los tecnócratas). Partamos pues para variar, del pasado y veamos a la luz del cambio -es decir de los cambios que él mismo aporta a sus condiciones de vida- aquello que en la condición del hombre no puede más que permanecer invariable. Si uno comprende que la experiencia del medio adquirida durante el pasado conserva su valor en el presente (que sigue siendo aún contemporánea) se atenuarán las contradiciones insuperables entre pasado, presente y futuro, entre antiguas y nuevas ideas del espacio, de la forma, de la construcción entre producción manual y producción industrial. ¿Por qué se cree tan a menudo que hay que elegir categóricamente como si nos fuera imposible mostrarnos leales en ambos sentidos? He llegado a oir que un arquitecto podría ser prisionero de la tradición en una época de cambio. Me parece que un arquitecto no debe ser prisionero de nad . Y en ningún caso debe ser prisionero de la idea de cambio. Aldo Van Eyck. "El interior del tiempo" (1969) 1-¿Cómo podríamos intentar la síntesis de pasado y futuro en la arquitectura de nuestra tierra? 2-¿De qué manera la técnica moderna nos puede ayudar a revitalizar ciertas técnicas vernáculas? Lo esencial y necesario de un edificio así es precisamente y sobre todo esta propiedad. La cuestión de si se hace con madera u hormigón, o incluso con cualquier otro material, es mucho menos importante que la de si el sistema constructivo posee las propiedades que permitan hacer un edificio con sentimiento , de modo que cada elemento particular pueda recibir su forma personalmente, in situ, mientras se levanta la obra.

Cristopher Alexander. "Linz Café. Valoración del autor"(1983)


1-¿Cómo construirías tú un 'edificio con sentimiento'? 2-¿Porqué importa menos el material -natural o artificial- que el modo de tratarlo? Todo avance en tecnología se ha dirigido al dominio del hombre sobre el entorno. Hasta hace poco , sin embargo, el hombre ha manteneido siempre cierto equilibrio entre su ser corporal y espiritual. La pérdida de este equilibrio puede tener un efecto negativo en el hombre, desde el punto de vista genético, fisiológico o psicológico. Y a pesar de lo rápido que avanza la tecnología, a pesar de lo radicalmente que cambia la economía, todo cambio debe correlacionarse con los cambios del hombre mismo. Las abstracciones del tecnólogo deben ser constantemente llevadas a tierra por la fuerza gravitacional de la naturaleza humana. La posición del arquitecto es única para revivir la fe del pueblo en su propia cultura. Si, como crítico autorizado, muestra lo que es admirable en las formas locales, e incluso va tan lejos como para usarlas él mismo, entonces la gente comenzará , de forma unánime , a ver sus propias producciones con orgullo. Lo que primeramente despreció u olvidó, se vuelve de pronto algo de lo cual estar orgulloso. Es importante que tal orgullo implica productos y técnicas sobre las cuales, la gente local tiene completo dominio y conocimiento.


Hassan Fathy. "Energía Natural y Arquitectura Vernácula"(1986)


1-¿Cuál debiera ser la actitud del arquitecto moderno vasco hacia la tecnología tradicional de nuestra arquitectura? 2-¿Qué se podría hacer para que los propietarios y artífices de los caseríos se sintieran orgullosos de su arquitectura? Las casas que ahora se construyen tienden, en general, a simular los elementos de otros tiempos, después de haber pasado por su imitación.(...) En resumen, todo el conjunto acusa un ansia de economía, un deseo de ahorrar trabajo y materiales, que viene a repertutir dolorosamente sobre el valor estético de la casa, la cual queda empobrecida por la pretenciosa apariencia y por la falta de sinceridad de los elementos expresivos. La razón de esta tendencia no obedece a ningún motivo artístico. Por el contrario, cuando para construir se dispone de medios abundantes, el resultado es siempre algo muy distinto de todas esas edificaciones de batalla. Lo que está empobreciendo la arquitectura popular navarra es la industrialización de los procedimientos constructivos, la edificación en serie, la standarización. Se va tras el producto barato, aún a costa de sus más selectas cualidades. Y estas quedan así sacrificadas. La solidez, la amplitud, la belleza, desaparecen, para dejar su puesto a la endeblez, la pequeñez y la simulación. El producto es una casa: pero ha dejado de inspirarse en las claras y sanas fuentes populares para obedecer a dictados donde impera la baratura.


Leoncio Urabayen. "La casa navarra"(1929)


1-¿Cuáles serían a tu juicio los elementos falseadores de los nuevos caseríos respecto los tradicionales? 2-¿Cómo podría inspirarse un caserío nuevo en las fuentes populares sin traicionar su espíritu ni convertirlo en una caricatura?


PROPUESTAS DE OTROS SUBTEMAS

Además del fundamental problema de la desaparición de la arquitectura vernácula, otros problemas nos afectan de manera tan directa como el de la escasez de viviendas o el de la mala calidad constructiva y residencial de éstas. El célebre Plan Siglo XXI (PERI) o los barrios marginales de Bilbao serían un buen ejemplo para analizar. El impacto tecnológico, cultural y estético de la arquitecura moderna podría abordarse estudiando el caso del Museo Guggenheim o del nuevo Kursaal. La ubicación de infraestructuras culturales como museos o bibliotecas en Iruña y Gasteiz sería otra buena oportunidad de tratar el impacto de la arquitectura moderna en el entorno histórico de los cascos antiguos. Otro tema inédito son los problemas de salud y sociales de la arquitectura inteligente en entornos laborales como fábricas, oficinas o parques tecnológicos.


PROPUESTAS DE OTROS CASOS

Los casos de problemas causados por la tecnología moderna en la arquitectura vernácula son numerosísimos y de toda índole. En cada región podríamos encontrar varios; así, la destrucción del paisaje y la arquitectura vernáculos por grandes obras de ingeniería como autopistas (Autovía del norte), vertederos (Valle de Aranguren) y pantanos (Itoiz); la construcción de grandes urbanizaciones o de chalets incontrolados en torno a pequeños pueblos de toda Euskadi; la destrucción de edificios históricos de carácter vernáculo en las capitales para construir aparcamientos o nuevas edificios; la falta de verdaderos espacios verdes en los nuevos barrios; la rehabilitación de casas rurales y el agroturismo como salida para la economía de algunas zonas rurales; la recuperación de las cuevas de la Ribera navarra y de otras formas autóctonas de tecnología constructiva (la teja de piedra o la tablilla de madera); el problema de vivienda en la juventud y el fenómeno 'okupa' en la ciudad y en áreas rurales; la recuperación de artesanías constructivas como alternativa al paro juvenil y tantas otros problemas similares que el profesor y los estudiantes seguramente conocen de su entorno inmediato.

ESQUEMA

TEMA: La moderna tecnología arquitectónica*

SUBTEMAS: Destrucción de la arquitectura vernácula*-Satisfaccción residencial-Arquitectura inteligente-Materiales tóxicos-El problema de vivienda

CASOS:El caserío vasco*-Paisaje vernaculo vasco-Arquitectura industrial en Euskadi-El fenomeno okupa y los gaztexes-Las casas rurales y el agroturismo ((Unir con líneas los conceptos señalados con asterisco))

BIBLIOGRAFIA

Hemos escogido bibliografía en castellano y euskera, por lo que quedan fuera libros imprescindibles de Clive Aslet, Hassan Fathy, Paul Oliver, Bernard Rudofsky o Joseph Rykwert. Igualmente son imprescindibles otros muchos libros sobre arquitectura vernácula vasca, especialmente la tesis inédita de Xabier Morrás "Destrucción de la arquitectura vernácula en Navarra"(UPV, 1996), así como 'literatura sobre lo vernáculo' en novelas y poesías como las "Elegías del Duino" de R. M. Rilke o el "Walden" de H. Thoreau. (Consultar bibliografía del autor en "El caserío demolido").

Sobre el Tema:

AYLLON, Manuel. La dictadura de los urbanistas, Temas de Hoy, Madrid, 1995.

LE CORBUSIER. Hacia una arquitectura, Poseidon, Barcelona, 1978.

FRAMPTOM, Kenneth. Historia crítica de la arquitectura moderna, Gustavo Gilli, Barcelona, 1987.

GIEDION, Sigfried. Espacio, tiempo y arquitectura, Poseidon, Dossat, Madrid, 1978.

MUMFORD, Lewis. La cultura de las ciudades, Emecé, Buenos Aires, 1945.

Sobre el subtema:

ALEXANDER, Christopher. El modo intemporal de construir, Gustavo Gilli, Barcelona, 1979.

CHUECA GOITIA, Fernando. La destrucción del patrimonio urbanístico español, Espasa-Calpe, Madrid, .

HEIDEGGER, Martin. Conferencias y artículos, Serbal, Barcelona, 1994.

ILLICH, Ivan. El género vernáculo, Planeta, México, 1990.

KAHN, Lloyd. Cobijo, Blume, Madrid, 1993.

PEARSON, David. El libro de la casa natural, Integral-Oasis, Barcelona, 1991. El libro de la arquitectura natural, Integral-Oasis, Barcelona, 1994.

Sobre el caso:

ALONSO, Andoni / ARZOZ, Iñaki. El caserío demolido. Manifiesto Vernáculo, Gaiak, Donosti, 1998. Cemento vernáculo en "XIII Congreso de Estudios Vascos. Ciencia, Tecnología y cambio social en Euskal-Herria", Eusko Ikaskuntza, Donostia, 1996.

BAESCHLIN, Alfredo. El caserío vasco, Eusko Ikaskuntza, Donostia, 1992.

SANTANA, Alberto. Baserria, Gipuzkoako Foru Aldundia, Donostia, 1993.

UABAYEN, LEONCIO. Una geografía de Navarra. Investigación de las residencias humanas en Navarra, Libe, Pamplona, 1929

Novela:

BERGER, John. Puerca tierra, Alfaguara, Madrid, 1989.

Película:

El árbol, el alcalde y la mediateca, Eric Rhomer, 1993.

Licencia

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