Epistemowikia
Revista «Hiperenciclopédica» de Divulgación del Saber
Segunda Época, Año IX
Vol. 8, Núm. 1: de enero a marzo de 2014
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El fin de los estudios de CTS

De Epistemowikia

Carl Mitcham, antiguo director del programa Ciencia, Tecnología y Sociedad de Pennsylvania State University, aprovechó la ocasión de una visita a Bremen, Alemania, en 1998, para llevar a Ivan Illich a discutir la cuestón de las transformaciones que CTS ha sufrido, en us carácter y alcance, tanto desde la acción como la teoría. Lo que sigue es una reconstrucción libre de Mitcham respecto a tal conversación.

Illich, que ha sido un profesor visitante en ese programa CTS de Pennsylvania, lanzó esta cuestón en una conferencia pública anteriormente, en Octubre del 96, bajo el título "El fin de STS". Mictham trató de provocar una duscusión ulterior, para clarificar este tópico.

Mitcham: Su trabajo durante el principio de los setenta, especialmente tal como se refleja en La convivencialidad, Energía y equidad, y La Némesis médica, significaron una no prevista inspiración para crear muchos programas de CTS en Estados Unidos. Luego, al final de los ochenta, usted terminó asociado a uno de los programas líderes de CTS, el de Penn State University, como profesor visitante. Usted ha proclamado el "fin de CTS" en estos momentos. ¿Qué quiere expresar con esto?

Illich: En mi conferencia sobre El fin de CTS , simplemente expuse de forma provocativa, lo que me parecía una verdad cada vez más evidente: que los programas CTS han sobrevivido a su utilidad. Por lo tanto, desde ese punto de vista, están acabados. Mi argumento fue que estos programas y similares, de los sesenta a los ochenta tomaron unas características básicas de ciencia, tecnología y sociedad que luego han cambiado fundamentalmente. La ciencia, la tecnología y la sociedad no son lo que tanto los programas como el movimiento CTS tomaron en un principio como lo que eran.

Mitcham: Desde luego es adecuado que usted hable tanto de "movimiento" como de "programa" CTS. Desde luego se puede referir uno a la ideología CTS. Si no recuerdo mal, en su conferencia también mantuvo que CTS era un fenómeno histórico, y que como tal, tendría un prinicipio y un fin. El fin vino en algún momento a finales de los ochenta o principios de los noventa, pero la gente no ha sido capaz de reconocerlo.

Illich: La historicidad de CTS se sigue lógicamente de mi afirmación sobre los cambios históricos en las propiedades básicas de de la ciencia, la tecnología y la sociedad. Los programas CTS comenzaron asumiendo que existía la posibilidad de distinguir entre ciencia, tecnología y sociedad, y sobre las características de cada una de ellas, todo lo cual ha cambiado fundamentalmente. Pero CTS es un fenómeno histórico definido por el carácter histórico y los cambios de su materia de estudio, esto es, la ciencia, la tecnología y la sociedad, y sus relaciones.

CTS fue una empresa que concordaba bien en un período particular 30 años de la historia americana.. La ieda de hacer las relaciones entre esos tres elementos una materia para cursos supuso una novedad en los sesenta y los stetenta. Pero para mitad de los ochenta se convirtió en una una certeza incuestionable, para muchos académicos, de que los cursos CTS constituían una ola nueva y necesaria en educación.

Recuerdo por ejemplo cuando atendí a uno de los encuentros iniciales de la nueva Asociación Nacional para la Ciencia, Tecnología y Sociedad, en un importante hotel de congresos, cerca de Washington DC. Durante un breve descanso entre dos charlas, fui a hacer una llamada de teléfono, encontrando que la fila de seis cabinas estaba toda ocupada, cada una de ellas con una cola de serios y jóvenes profesores. Mientras esperaba no pude evitar el escuchar un número de conversaciones, todas de similar características, en la que los académicos informaban a sus departamentos de proveniencia, a sus jefes o decanos, sobre la importancia de lo que estaba pasando, y de cómo los programas CTS eran un requisito imprescindible para añadir a los curricula institucionales. Cada académico decía, con alguna pequeña diferencia en la formulación: "Te lo digo, tenemos que tener CTS". Pero para mediados de los 90, este argumento, aunque repetido como un mantra, tenía cada vez menos y menos peso, y de hecho, el propio CTS ha sufrido una serie de transformaciones. Continuar promoviendo las asunciones originales respecto a estos tres elementos significaria que CTS conducía no a comprender, sino a hacerse ilusiones.

Mitcham: ¿Le importaría recordar cuáles fueron esas básicas asunciones de los programas CTS, las cuales usted afirma que se han quedado obsoletas por el cambio histórico?

Illich: Los programas CTS se dedicaron a tres ideas fundacionales, lo que los alemanes denominarían como "Historische Grundbegriffe". Estas tres ideas se referían, desde luego a los tres ámbitos: ciencia, tecnología y sociedad.

Empecemos con la ciencia. Durante los sesenta y sententa, existía la noción radical de cuestionar la autoridad de la ciencia. El argumento CTS, de que la ciencia debía ser tanto entendida más generalmente, gracias a la promoción de la así llamada "alfabetización científica", y que debía ser asimismo criticada, era algo que merecía la pena tomarse en cuenta.

Pero el estatus de la ciencia ha sido socavado progresivamente por varios eventos mayores. Primero, la historia de la ciencia ha mostrado, incluso a los científicos, que ésta ha atravesado épocas completamente distintas de diferentes constelaciones en cuanto a contenidos básicos y enfoques. La ciencia no es un fenómeno ahistórico. Segundo, la sociología de la ciencia ha proporcionado pruebas sobre el alto grado en que la ciencia moderna se define como tal, gracias a las cantidades de inversiones que van a sus diferentes ramas. Tercero, los escándalos científicos del tipo como el del ratón pintado o los falsos informes sobre el tratamiento del sida, se han hecho, en general, ampliamente conocidos. La situación es parecida con la tecnología. La autoridad de ésta, que tuvo como respuesta la oposición de los sesenta y setenta, se ha visto desacreditada en muchas formas. Tómese por ejemplo la situación de la medicina. En los sesenta, existía la creencia general de que el poder del progreso médico eliminaría la enfermedad o las plagas. Con el sida en la palestra, y la aparición de nuevas epidemias, estas esperanzas no son viables en absoluto. Más aún, el movimiento popular por el suicidio con asistencia médica se basa en el miedo general al sufrimiento, intensificado por las tecnologías médicas. Tanto la tecnología como la ciencia han perdido lustrre. En una situación como esa, la llamada de CTS para una "alfabetización tecnológica" como paralelo a la "alfabetización científica" es ahora menos convincente de lo que fue. Más aún, me parece que hay pocas dudas, si es que hay alguna, de que las tecnologías son decisiones políticas. En los stenta me gané unos cuantos críticos entre los intelectuales de izquierda, especialmente en Latinoamérica por afirmar que la elección de una tecnología podría tener consecuencias políticas. Mi argumento no se preocupaba de la degradación biológica o del envenenamiento del medio ambiente, sino del hecho de que la elección de una tecnología concreta significaba inevitablemente a la vez aceptar de ciertos resultados enteramente políticos. En Energía y equidad, por ejemplo, sostuve que las tecnologías que incrementaban la velocidad del transporte por encima de determinado límite, si no se regulaban cuidadosamente, produciría inevitablemente una élite que podría ir a cualquier sitio en cualquier momento, mientras que los demás tendrían que aceptar formar parte de los desclasados del transporte. Lo que pensamos cuando utilizamos la palabra "tecnología" ha cambiado asimismo de forma considerable. Entonces refería probablemente a las armas nucleares. Hoy refiere a los computadores.

Mitcham: ¿Pero no ha sido siempre la ideología de la ciencia moderna y la tecnología que la tecnología no es otra cosa que política por otros medios? Francis Bacon, al principio de la Modernidad, sostuvo que invenciones como la imprenta, la pólvora o el compás habían hecho más beneficio por la humanidad que la política y la religión para transformar beneficiosamente la condición humana. Tres siglos después, el ex presidente Ronald Reagan, cuando fue nombrado caballero en Londres, y se le aceptó en la Academia Francesa de París, pudo alabar la revolución en las comunicaciones y las tecnologías de la información, por su impacto político, que el calificaba como democatizador. Reagan pensaba que la televisión y los ordeandores habían destruido el comunismo.

Illich: Aún así, la ideología del progreso científico y técnico era la de conseguir logros triunfales, beneficios, sin costos. El argumento de CTS era que no existía nada así como "comida gratis". Es este argumento de que no existe tal cosa como una "comida gratis" el que se acepta en general, a pesar de que los políticos y las compañías de ordenadores, juntos, proclaman los beneficios revolucionarios de Internet y la World Wide Web. Precisamente, el extensivo sufijo "hiper" que rodea a los sistemas globales de telecomunicaciones, revela un tipo de vacío en el corazón de la fe contemporánea en la tecnología. Y aún es mucho más significativo que estas tendencias que se ocupal de la pertinencia y respectabilidad de la ciencia y tecnología, de las connotaciones de estas palabras, es el hecho de que la ciencia y la tecnología se han convertido, ellas mismas, en indistinguibles. La frontera entre estas dos empresas, estos dos proyectos sociales, se han vuelto casi completamente arbitrarios. Discutir sobre los diferentes tipos de relaciones entre ellas parece vano.

Mitcham: Al hilo de lo que está señalando, me viene a la mente uno de los líederes de CTS quien, por ejemplo, presenta continuamente las ideas CTS dibujando un triángulo, colocando ciencia, tecnología y sociedad en cada vértice. Luego habla de las relaciones entre ciencia y sociedad, sociedad y ciencia, tecnología y sociedad, y viceversa, y continúa discutiendo especialmente en contra de la idea de que la tecnología es ciencia aplicada. Desea mantener que, hasta cierto grado, la tecnología es algo independiente y que se trata de un fenómeno más importante.Sin embargo, aunque la tecnología, ciertamente, no es ciencia aplicada, parece que no tiene gran sentido hablar de algo diferente a lo "tecnocientífico", más en un mundo donde todo proyecto de investigación importante, desde el telescopio Hubble al proyecto del genoma humano, implica una integración de ciencia y tecnología.

Illich: Finalmente, respecto a esta tercera "idea fundacional", la sociedad, se puede simplemente caer en la cuenta que en 1970, los conceptos, tanto de Marx como de Max Weber mantenían aún cierto grado de utilidad. Al borde del nuevo siglo, las actitudes hacia lo que una vez se llamó sociedad, se han transformado por la globalización económica. En los setenta, no existía la Comunidad Europea, el Tratado de Libre Comercio, o la Organización para el Comercio Internacional. Hoy la guerra fría ya no existe, y la suposición general es que los mercados libres pueden reemplazar la ayuda internacional, que son medios para eliminar la pobreza que una vez se llamó "Tercer Mundo". La sociedad funciona ahora menos como un elemento independiente, el cual podría ser calificado de tríada ciencia-tecnología-sociedad, y más como un sistema operativo en el que las variadas versiones de lo tecnocientífico puede servir como aplicaciones informáticas.

Mitcham: Si tuviera que sintetizar, diría que usted distingue cambios, tanto en las actitudes públicas respecto a estos tres dominios, y también cambios en el carácter específico de estos tres fenómenos claves. Al final del siglo XX, ni la ciencia ni la tecnología ni la sociedad tienen concedido la autoridad o la posición que ejercieron hace treinta años. Más aún, ha habido una forma de fusión para integrar estos tres ámbitos, y en especial la ciencia y la tecnología. Pero ¿qué hay de los motivos tras los programas de CTS? ¿Podría identificar algún cambio en los motivos de quienes se encargaron de establecer y enseñar los programas CTS?

Illich: Describiría esas motivaciones originarias, de quienes fundaron tales programas en los setenta, como una búsqueda mezclada de relevancia, reforma social y tecnología alternativa. Los profesores de ciencia e ingeniería respondiendo en parte a la crítica proveniente de las ciencias sociales y humanas, se implicaron en tales programas tanto para defenderse ellos mismos como para mostrar su compromiso con la sociedad. Los profesores de ciencias sociales y humanidades, eran lo que tenían, con más probabilidad, los planes para la reforma social.

Mitcham: Y ambos grupos, con frecuencia se unieron en una investigación crítica para conseguir nuevas forma de ingeniería, que estuviera al mismo tiempo a una escala humana, recuerdo así los libros e E.F. Schumacher Lo pequeño es hermoso, y que fuera también menos destructiva para el medio ambiente, como el libro de Amory Lovins Energy Patha. Muchas de las ideologías de estos programas buscaban, de forma integral, promocionar tecnologías intermedias, apropiadas, alternativas. Asumo que tales motivaciones se han marginado de forma extensa en muchos de tales programas, y esta marginalización se refleja, de hecho, en la transformación en cómo se interpreta el acrónimo CTS. Ya no se lee más como "ciencia tecnología y sociedad" sino que se a convertido en un "programa" para la educación y la acción, más bien como "estudios de ciencia y tecnología". La transformación se hace patente aquí, en Alemania, con el folleto que usted me enseñó hace poco en el que se anunciaban una serie de conferencias sobre la naturaleza y la cultura, patrocinadas por el Museo Alemán de Higiene de Hannover. Cito de tal folleto: "El propósito de tales estudios no es encontrar argumentos para un debate público. Se trata de algo completamente diferente. Más allá de la básica distinción entre ‘lo bueno y lo malo’, ‘a favor o en contra’ y ‘oportunidades y riesgos’, hay un debate que se extiende sobre las conclusiones teóricas que hay que extraerse del desarrollo tecnocientífico en biología y medicina". Parece que hay en esto una nueva versión de CTS, en la que se propone una eliminación de cualquier propósito de juicio y acción.

Illich: En los setenta, a pesar de su autoridad y posición, estaba fuera de toda cuestión de que la ciencia y la tecnología debieran identificarse con la realidad. Ambas podían ser perfectamente las mediadoras básicas de la realidad, pero no eran en sí mismas ésta. Paradójicamente, mientras que hoy en día otorgamos menos prestigio a lo tecnocientífico que antes, si embargo lo aceptamos como la realidad fundamental de nuestro mundo. La apuesta de los setenta por la que, los niños, aprendiendo sobre la lluvia ácida podrían volverse más implicados, en lo social y lo técnino, de modo que promocionarían una protección medioambiental sociotécnica, ahora nos parece como una fantasía. Si los estudiantes apreden cosas como ésas es porque simplemente forman parte necesariamente del mundo en el que viven. Por lo tanto, la propia idea de que la educación prepara a la gente para ejercer una responsabilidad pública o ciudadana, me parece algo del pasado. Todo lo que uno puede hacer es presentarles estudios sobre la unificación de la ciencia y la tecnología, y qué papel juegan. Desde luego, los estudios de ciencia y tecnología promocionan la expansión de estos papeles, y su manipulación feliz, como la moda del posestructuralismo, pero de lo que se carece es de una seriedad elemental.

Mitcham: Sin embargo es bastantes interesante ver que ha habido un cambio en su propio trabajo, que parece paralelo al de los estudios CTS a los simplemente estudios de ciencia y tecnología. Este cambio se refleja, por ejemplo de La convivencialidad a El género vernáculo, o más claramente a In the Vineyard of the Text. ¿Qué diferencia existe entre el tipo de investigación que usted propone ahora y la de los estudios de ciencia y tecnología?

Illich: Es una pregunta difícil y no sé muy bien como responderla. Mi preocupación ha sido cada vez más el no proponer un cambio a gran escala en el mundo, o de otra manera, simplemente aceptar el mundo científico y reconciliarse con él, pero bajo un entendimiento racional, claro y convincente de las condiciones bajo las que, sentados a esta mesa, o juntos sobre una alfombra, o alrededor de una teterea, que, a pesar del mundo en que ahora nos encontramos sumergidos, podemos practicar, por decirlo así "philia", amistad. La presencia completamente real, por lo tanto corporal del otro, incluyendo la mutua asistencia para enfrentarse a la condición humana, primeramente como algo que sufro en mi cuerpo o aceptando a usted ser tal como usted es.

Debe haber sido hacia 1992, antes de que comenzara enseñando mis primeras clases en la universidad de Bremen, cuando me encontré de nuevo a un conocido de hace tiempo, que había seguido mis cursos en otra ciudad. Me contó sobre el seminario de informática que dirigía, donde criticaba mi uso del concepto "herramienta". Sus colegas y él estaban convencidos de que yo llevaba a la confusión con mi discurso, por ejemplo al hablar de los sistemas como herramientas, como hice cuando discutía sobre las escuelas, las redes de transporte y las instituciones médicas. Este conocido, muy respetuosamente, señaló que uno no puede operar tales sistemas. Para él, la condición básica para preservar la posibilidad para la acción humana o ética, dentro de este medio que ha sido construído ingenierilmente en términos de sistema se ha de comparar con la acrobacia. Es necesario entonces una constante vigilancia para disociarse uno como persona libre de esas actividades por las que uno programa o administra un sistema, pues si no uno se vuelve programado o manejado él mismo.

De un relámpago me dí cuenta que habíamos traspasado un corte histórico, desde la edad de la tecnología como herramienta a la edad de los sistemas. Ahora en un mundo de pantallas de ordenador y "ventanas", con "ayuda contextual sensible", me parece todavía más verdad. Dejo a los demás que hablen de posmodernidad; como materialista que soy entiendo que esto significa una adiós a las herramientas.

Mitcham: Los programas CTS, llegando al fina de esta época de la herramienta, asumieron la posibilidad de estar fuera de la tecnología y la ciencia, de estudiar estos fenómenos, de usar y reformarlos, pero hemos llegafo al final de tal época, de tal posibilidad.

Illich: Desde luego, esto se debe precisamente al cambio de la herramienta al sistema en que ahora vivimos, en medio de cosas que son, literalmente insufribles, incapaces de sufrirlas porque son, literariamente, insensibles. Piénsese en la población o en el calentamiento global de la atmósfera: no son simples fenómenos que sean susceptibles de sentirse. Sólo pueden crearse con estadísticas y representaciones gráficas.

Lo que quiero decir ahora resulta escandaloso para los que fundaron el movimento CTS en los setenta. Problemas como la superpoblación, o el calentamiento global, por ejemplo, son del tipo que solamente pueden causar dos tipos diferentes de impacto a quienes los estudian: parálisis o fanatismo. Lo que procuro hacer es defender nuestra presencia como amigos alrededor de esta mesa, contra la contaminación o la perversión, bien por impacto y las metodologías por las cuales, estos problemas como la superpoblación y el calentamiento de la atmósfera se construyen y analizan.

Mitcham: O bien tales problemas tales como ésos se sienten tan abrumadores que parece imposible que se pueda hacer nada al respecto,o bien uno se convierte en un fanático y se dedica toda la vida intentando aportar la necesaria transformación. En vez de esos dos extremos, usted quiere proteger y nutrir la amistad (philía )

Illich: Usted ha entendido uno de esos aspectos. Sin embargo, no trato de desanimar a la ciudadanía. Tan sólo se trata de que quisiera estar en todo momento cierto de qué pocas posibilidades quedan para ejercer en algo tal como la verdadera ciudadanía, en esta era de los sistemas. La ciudadanía, en el mundo de los sistemas tecnosociales, se reduce a fragmentos, restos, sobras. No nos engañemos. Por lo tanto, aunque somos impotentes y es necesario cultivar una completa consciencia de nuestra impotencia, insisto, al mismo tiempo, en defender la humilde presencia de uno al otro a esta mesa.

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