Epistemowikia
Revista «Hiperenciclopédica» de Divulgación del Saber
Segunda Época, Año IX
Vol. 8, Núm. 1: de enero a marzo de 2014
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El hombre que asustaba demasiado

De Epistemowikia

Alfred Hitchcock.

  • Fue el director más famoso del mundo.
  • Idolatrado por público y crítica, revolucionó el cine con su visionaria mirada. Y tuvo un lado perverso, tortuoso, diabólico.
  • El jueves 29 de abril hace 30 años que murió.

Una rubia bajo la ducha, un cuchillo, agua y sangre. Un tipo en un campo de trigo con un avión a la espalda. Un policía colgando de un tejado. Una mujer (otra rubia) atacada por los pájaros. Pura magia. Puro Hitchcock. El mayor fabricante de escenas inolvidables.

Un sátiro obeso, inseguro, rebosante de complejos. Manipulador, mentiroso y cobarde. Pura maldad. Puro Hitchcock. El lado oscuro de un genio. Ambas caras, la talentosa, la perversa, se apagaron en 1980.

Tabla de contenidos

El cine salva

Mucho antes, en 1899, nacía Alfred Joseph Hitchcock en Londres. Sus dos hermanos mayores no evitaron una niñez solitaria y triste, plagada de hortalizas (su padre era verdulero) y crucifijos (su madre, una católica convencida). A la educación estricta se le suma, cuando su padre muere siendo él adolescente y estalla la I Guerra Mundial, el miedo a morir. Para huir de tanta oscuridad, la fantasía. La fascinación por el crimen, el terror a lo imprevisto, el refugio en las faldas maternas. Y, sobre todo, el papel para dibujar y el cine.

Ambas vocaciones, ambos refugios, le permiten obtener trabajo en el cine. Será en Famous Players-Lasky (productora que después sería la Paramount), que abre su oficina en 1920 en Londres. Su primer encargo, dibujar carteles. Después, escribir guiones y ejercer de ayudante de dirección. Y, por supuesto, ver películas, sobre todo europeas: las de genios del expresionismo como Murnau o Fritz Lang. Sombras amenazantes que después abundarán en su cine.

Alma oscura

Por fin, debuta como director en 1925 con The Pleasure Garden, donde conoce a Alma Reville. No era una cualquiera: había trabajado con D. W. Griffith y era la primera montadora de cine en Gran Bretaña. En la sombra, lo acompañará toda la vida. Le dará a su única hija, Pat. Lo ayudará con su cine (aparece, hasta los años cincuenta, en los créditos de sus películas). Y le perdonará, al menos en público, su tortuosa relación con cada una de sus actrices.

En su país filma diez películas mudas, la primera cinta sonora del cine inglés (La muchacha de Londres, 1929) y obras maestras como El hombre que sabía demasiado (que después rehará en EE UU), Alarma en el expreso o La posada de Jamaica, tras la que salta a Hollywood. Inglaterra, sí, se le ha quedado pequeña. Ha sabido retratar los temores del hombre. La angustia del falso culpable. El metálico sabor que deja en el paladar el oscuro y cruel humor. El público lo adora. La crítica, todavía, no.

El Hitchcock que aterriza en EE UU para rodar un proyecto sobre el Titanic (que finalmente nunca filmó) no se dejará domar. Su primer trabajo será la adaptación de Rebeca, donde se convierte en el primer director capaz de rebelarse ante el poderoso productor O. Selznick. No rueda ni un fotograma de más: así, el productor no podrá añadir cosas en la sala de montaje. Trata con altivez al reparto. Y, cómo no, es un éxito de taquilla. La película también gana el Oscar, pero él pierde el del mejor director. Nunca lo conseguirá.

El amante de las rubias

Amante... Por decirlo de algún modo. Si para él los actores eran "ganado", las actrices eran algo bastante peor. La primera acosada es Ingrid Bergman, a la que dirigirá en Recuerda, Encadenados y Atormentada. Le sugiere de forma infantil su amor, la colma de atenciones, pero ella lo desprecia. Como todas. Aunque no la llega a maltratar, porque la sueca tiene carácter y ya es una estrella gracias al éxito de Casablanca.

Con Grace Kelly, la siguiente de la lista, la obsesión durará toda la vida. Eso sí, le regalará papeles maravillosos en Crimen perfecto, La ventana indiscreta y Atrapa a un ladrón. Y, después, vendrán Vera Miles o Tippi Hedren, con la que fue todavía más allá: la torturó rodando Los pájaros y, superando su enfermiza timidez, le exigió que se acostara con él a cambio de no arruinar su carrera.

Pero no son sus desvaríos amorosos los que lo hicieron pasar a la historia, sino su cine. Sus riesgos. Como los de Psicosis, donde desafía a la censura (nunca un gran director había rodado escenas tan aterradoras y violentas) y a los espectadores (que ven morir a la protagonista a mitad de película). Los de Marnie, la ladrona o Recuerda, donde da rienda a su pasión por el psicoanálisis. O, sencillamente, por su revolucionaria forma de hacer cine, que le permite rodar una película con un único plano (La soga), clavar 70 tomas en una sola secuencia de 45 segundos (Psicosis) o encerrar a trama y protagonistas en un único y angustioso escenario (Náufragos).

Tuvo que ser la Nouvelle Vague la que lo ensalzó como autor. Pero el público, antes, entonces y ahora, siempre tuvo en los altares al genial gordo diabólico.

No pases de...

Una peli

Psicosis. En el abanico de obras maestras del director, quizá la pesadilla del Bates Motel es la que más ha influido en el cine y la cultura popular. En su momento provocó consternación, e incluso hoy día sigue siendo capaz de aterrorizar al más valiente. Una obra maestra absoluta y eterna. Alfred Hitchcock, 1960. Universal.

Un disco

Hitchcock et la musique. Dicen que tenía la película en la cabeza antes de rodar. Que despreciaba a los actores. Que manipulaba los guiones. Pero siempre reconoció la importancia de la música, que consideraba incluso más importante que la imagen. Este disco incluye inolvidables temas de su cine, como los de Bernard Herrmann. Varios, 2005. Warner Music.

Un libro

Alfred Hitchcock: la cara oculta de un genio. Cuando Hitchcock vivía, Spoto publicó un libro elogioso sobre él. Pero tras su muerte, Spoto publicó esta biografía, donde mostró sus peores obsesiones. Los que quieran saber sólo de cine, que acudan al imprescindible libro de conversaciones entre Hitchcock y Truffaut. Donald Spoto, 1983. T & B Editores.



Fuente: 20minutos.es
Autor de la edición original: RAFA VIDIELLA. 29.04.2010

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